17 de enero de 2012

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Se busca gente magnánima; truenos de dos piernas con la mente cocinada en su punto y bien aderezada con personalidad de cosecha propia. De espíritu libre, tan libre que roce la unidad, y que aunque no se crea merecedor de tales honores, en esencia y por ese mismo motivo, sea único: sin dobleces, de caracter nervudo y desnudo. Que prefiera la amplitud de miras a las vistas continuas a la zona gris que habita en todo humano donde empieza el interés propio, que se desobedezca a la hora de indagar en si mismo y en los demás, que tenga habitaciones con vistas en su alma de más de mil pisos y una voz que abrigue más que cientos de hogueras.
Que haga florecer vida de las cicatrices y entienda que la vida pasa factura, que no siempre se gana y que perdiendo uno crece y no en centímetros precisamente, sino en grandeza.
Gente que no tenga el corazón de piedra y cuyo fin no sea joder al prójimo por cualquier asunto baladí bien remunerado o convertirse en una perfectísima y funcional máquina... de producir porquería.
Absténganse flores que no huelan a nada, gente, buscamos personas.


Atentamente,

El planeta.

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