26 de abril de 2012

Z.




(..)Hoy he vuelto a soñar desde el cuerpo de un miope pelirrojo y sí, también sigue siendo greñudo; es el mismo personaje con el que empecé a soñar cuando nos conocimos; pasea un perro dálmata al que llama “Esbirro” y por la calle Alcalá, descamisado, a la que pasa, le dice "suerte" a un enano que juega a timar a los guiris vendiéndoles cuentas mágicas contra el mal de ojo, y paquetes de clinex. Se ríe y señala a un niño que reparte su merienda con un indigente a la entrada de un supermercado sibarita... del que se sale un vieja que luce un modelito imposible, siete kilos de laca en el moño, cara desfigurada y un bolsillo a rebosar.

La susodicha, atisba un bolso desde la otra acera y corriendo a saltos, llega fatigada al cristal donde pega la nariz y resopla con tal intensidad que podría fundir la luna de la tienda de complementos de marca made in China.
A su lado está Juan, desvalido arrastra sus viejas muletas, no le gusta salir de casa sin su garfio reluciente, estás pequeñas manías que uno coge tras un guerra. En el sombrero, e impecable, un pañuelo blanco en la solapa, y la mirada gris puesta; gris ceniza, gris como el vapor de la soledad más trágica, la de vivir con alguien a quien has dejado de conocer lustros atrás; le sugiere a su mujer, Carmen, CON la cara estampada en el escaparate, que quizás el botox se lo hayan inyectado en el cerebro por error.

Y efectivamente, también, estabas tú (APLAUSOS), ron "a secas" en mano, que sí, con toda la parafernalia de las canciones, me conozco la letra, pero quizás de otra manera, distinto, sin sentido, perdido como el niño que no encuentra su sitio en los juegos de patio, pulido en mate, homogéneo entre la gente, y algo “escuerzo”, sinceramente. No sé si me sigues o necesitas más datos.

El caso es que como te decía al principio de esta charla, hoy he vuelto a soñar esa puta mañana de viernes, joder y ha resultado ser la esperanza hecha tictacs y no el abismo vacío que me esperaba. Resulta que el aire movía a su antojo la escena y desde una bici de tres plazas saludaban a golpe de pedal tres koalas con piernas extensibles, como las de las viejas radios. Las casas estaban al revés, la puerta en el tejado... las cosas difíciles (como las que enamoran) y las ventanas siempre abiertas, por donde entraban los burros de dos patas volando, abrazando una ciudad feliz, llamada Magia, donde las ranas tenían largas cabelleras rubias y sin embargo, las barbies, eran calvas.

En el centro... luz violeta: más magnánima que el sol mismo, que no paraba de girar. Me han contado viejos clásicos de mis sueños más perdidos que es la luz mi subconsciente y que maneja el cotarro de que manera; a veces, por lo visto, salta del sitio y va barriendo el espacio y las calles, cambiandolo todo, de ahí el trasvase de pelo muñeca-rana y algún que otro más intercambio de extremidades entre los presentes. Cuentan que a los “buenagenteperonotontos” les pone un pin y a los menos les da una cachetada y un papelito rosa que debe ser el pase de un viaje o una patada en el culo, según como se haya levantado la luz ese día. El caso es que , esta mañana al despertar solo recordaba una zanja sin fondo por la que ha debido de tirar desgastes y recuerdos huecos, de estos que a todos nos sobran, de estos en los que que te incluyes, y ahora me tira el corazón.. me tira a peso de un hilo que estira la sonrisa y no paro.. Oyeme, no puedo parar de reírme.

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