17 de mayo de 2012

Dipsi







"Lo que necesitas es que alguien te necesite; o más bien, necesitar a alguien"



  Elemental querido Watson, también necesito un ático en Malasaña, un perro patada al que llamar Sr. Quincapoix, y un novio superhéroe, que según palabras del mayor poeta que conozco, es lo que me merezco. Quizás porque le hice esperar se pensó lo que todos, que soy una mina de diamantes; la verdad es que a mi misma me recuerdo más a un "gadjetotodo" de hojalata. Más aún en días como hoy en los que hago las funciones de sujetador, y entiéndeme, no abrazo curvas de mujer, es simplemente que me toca recoger caídos: a mi madre cuando llora, a mi amiga que no entiende, al vecino de los gritos a las dos de la mañana, al portero que juzga desde la esquina.


Quizás todo esto solo sea un arrebato de actitud valiente, un empujón con piernas que te obliga a bajar de este puto metro recortado y lleno de escombro, aunque solo sea por un rato. O simplemente.. es una epidemia de poesía sin poetas. Lo cierto es que hoy, mil y una son las noches que me pasaría contando estrellas debajo de mi manta de monstruos. Cero estrellas del Rock melódico y muchas de las de sonrisa fácil y brillo en la mirada perpetuo. Estrellas que como alacranes pegados al pecho harían las veces de desfibrilador, me harían mantenerme a flote en esta pompa.. en este remanso de paz que es nuestra guarida. Cabaña, mejor, cabaña con C, con c.. de corazón.



Lo cierto es que hoy, los gatos debemos de tener la lengua de cristal, la pata de palo y los ojos demasiado desnudos. ¿Sabes? bueno, que vas a saber.. que en otro momento, en otro puto momento distinto a este, quizás en otra galaxia, saludando a un par de planetas fuimos pretéritos, amor, plus+cuam+perfectos y libres, con las palabras bonitas en los besos y las “fordas” reservadas para las intenciones complicadas; No teníamos forma, o sí, con forma de C, con c.. de corazón.

No sabes que en otro momento, hubiese jurado que tu tiempo se llama igual que yo y que mi historia pasa por la tuya parándose en estos vestigios, en todas y cada una de las paradas de metro del barrio Amor, sin C, sin c.. de corazón.


Aunque últimamente, te vea quieto haciendo castillos de cal y tirándote arena a cubos… justo en tus heridas, justo donde infecta, y los estigmas de las ruinas ya empiezan a ocupar demasiado espacio, ¿No crees?.



Vas a tener que soplar, o voy a tener que sacudirte, porque debo hacerlo. Si no te puedo quitar la arena por lo menos dejaran de bailar flamenco tus dientes, de incertidumbre, de besos, de no-besos, de miradas y sobre todo, de los pedestales que te has montado. Porque hay que ver, menudo garito.. tú solo y tu recuerdo en un pilar de cristal, que encima no es ni la mitad de lo que suspiras, que ya no existe pero que sigue alimentando a un oso pardo de ocho metros que intenta comerse la existencia de cualquiera, que sobre el mismo jardín, intente plantarte una vida, un paraíso o una puta ciudad (y eso que tú de ciudad tienes lo que yo de rubia, y tus recuerdos, aún menos de eternos, como tú crees.) Eternas son las ciudades con encanto; como Madrid, por ejemplo.



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