22 de octubre de 2012

Verborragias






Uno es cómo es, 
vestidito con traje de cristal y chorreras, 
cuando es inocente hasta la médula, dulce, incluída. 
Pero pronto llegan los lobos para espabilarte; o las rubias, como diría una gran amiga -que tontas no sé si son, pero conozco de largo a unas cuantas bastante perras-. 
Te traen planchaditos los miedos, 
anunciando la llegada de los nuevos inquilinos con un vals de tam-tam y bongo, 
algo cutre y tétrico. 
Tocándote, también, las partes, que en eso consiste. 


Durante el minuto sordo del impacto, apuntas con las palmas de las manos al cielo en señal de paz... 

y en el pitido seco en el oído gritas: tengamos la fiesta, hoy y aquí en paz, por favor.
Tengamos la fiesta hoy. Mañana si se tercia la gloria, o la guerra, amiga, 
y si no "caña aquí" y un papelito, 
para contar este intento de ______.(Escribe lo que te apetezca)

Como si este mundo fuese terminal, vienen a darte el aviso, las cruces que solo restan. 

Personas que con los cascotes de otras vidas, se construyen la suya y juegan a sombrear las aceras en las que crecen flores entre los badenes. 
De un luto absurdo por su propia vida, van adoptando personalidades que no les pertenecen y luego dicen muy discretamente -Tsss, para el carro, chat@, que me pisas-, y sí, te dan ganas de pisar... cabezas.
Aunque siendo capaces de vender su mismísima sombra, 
no me extraña que te hayan regalado dos,
o tres pullitas, o putadas, de nada, 
de nada,
para intentar callarte, cariño,
y que te hayas asustado; un poco.

Pero tienes las uñas limadas de tanto sujetarte a roca puntiaguda,

pensando que era algodón de azúcar, 
y nunca has sentido la necesidad de comértelas por miedo,
que yo sepa,
aun viendo venir a algún que otro corazón de hielo, con delirios de grandeza, 
el más letal veneno de la rabia, en las yemas, 
y tu nombre en mente. 

Qué descubrimiento fatal, lo del amor crueL.


Bueno,

sobrevivirás.

Porque hueles a nuevo, 

y, 
miras el mundo como si fuera tú primera vez entre estas calles, 
a veces tan feas y otras,
tan paraíso. 

Sonríes, a oscuras, buscando a tientas, 

olfateando, 
tu final feliz, 
buscando como un sabueso dónde estará tu casa. 
Y quién te esperará en ella.

Y con eso a mí me vale, soy suficiente vieja y pelleja, 

para saber que la encontrarás.

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