2 de diciembre de 2012

París

Una vez conocí al Coco. 
Se instalaba debajo de las camas, y en la noche, intentaba hacerse hueco en el abrazo de encima.
Exiliado en el tejado, acabó; poniendo copas a los sapos para pagarse los estudios y demás viajes la luna.
Traía unos sustitos de la tierra en una caja de música cubana.
Dentro bailaba un fantasma, de los de sábana visible, y plumero también. 
No sabía mi nombre, pero sí que en el marrón de quedarse un rato en lo negro de mis ojos estaba su oasis. Luego guiñó uno y previo a un tajante -buenas noches-, le ofrecí un corte mangas a estrenar.
Pidió una oportunidad y yo, a cambio, una palabra al azar; por confirmar si era o no tan coleccionista de horrores como decían los afilados; él contestó -BIRRA-, entonces, en mitad de sonrisa y media, abrí la puerta de atrás; y pasó, dándose brillo, a la mía existencia.
Era mi primer contacto con un negociador de disgustos pero me veía capaz de torear con el más malo. 
El tío llevaba una gata tísica sentada en el hombro a la que llamaba Enfermedad; por un viejo amor, me aclaró. Una plumilla negra en señal de luto le colgaba del lóbulo de la oreja izquierda y medio mundo en la lista negra. Le habían dejado en la estacada, con los bolsillos rotos y un hatillo lleno de tardes descoloridas, por eso llevaba un cartel en la chaqueta que decía: "regalo venda-vales", o sea, tickets de viento. Tenía olvido entre los dientes.
En mitad del cuarto, abrió un libro titulado "Pregón de una grieta". Desordenó las siete letras de mi nombre y después empezó a leer.  Entre esquejes de peleas y escupitajos de muerte, se secó el sudor de los excesos con la solapa y exhausto, dijo:
No me gusta especialmente hacer llorar pero es el único negocio que perdura.
Recontó des-gracias, pesó el pasado, midió la fiebre de los sábados más locos y añadió:
Estas cuentas no salen, Srt. Ardilla. La pena es inversamente proporcional a las piedras.  
Como no echaba de menos un futuro más fácil, aposté mis letras al rojo, me encogí de hombros y le hice una mueca. Me empecé a reír y me dio el único indulto del edificio.
Le ofrecí dos poemas y un café.
Él me dio de fumar.
Empezó a rajar y por bulerías en el campo, el cielo tuvo que llorar.
Olía a lunes que apestaba, el mundo estaba pegajoso y criticón y resultó ser el Coco, el más asustado, que de tanto quitar sueño, lo llevaba acunado en la espalda y claro, menuda lumbalgia mental.
Decía que quería hacer su vida sonar y construirse un ranchito en las nubes; aprender a volar y quería, sobre todo, quería... querer. Aunque con esa cara crónica de ir buscando masacre lo tenía jodido, la verdad. 
Reclamaba derecho al olvido y una orden de alejamiento de unos diez años luz de aquel puesto de trabajo. Aunque ya se sabe que al Sir. Tiempo además de la épica, y el mambo, le gusta joder, especialmente, como casi todo lo que sale volando. 

Des-ganándose la vida un poco más en cada peldaño, el Coco, se despidió bajando la escalera, sacudiéndose el traje, extendió esa mano de artesano del horror y dijo: 
"Ojalá no coincidamos mucho, Manuela."
No era tan mal tío en el fondo, asustaba por miedo.
Estaba herido. 
Hace poco volví a saber de él, seguía adicto a las alturas pero sólo por malvivir en una cloaca; se volvió impermeable y luego... luego le ascendieron en el curro.
Creo que llegó a Presidente.





1 comentario:

  1. me das miedo..tú y tus palabras,tus maneras;
    Debería estar prohibido lo de leer entre líneas y después recordar,
    recordar el ¿por qué? de algunas cosas y de las otras también...
    y de ellas,las demás.
    Sabes bien,seguro,pero abrazas mejor,doy fe.
    Me das miedo y más miedo me da la tierra de la que provienes si es que es tierra, y no putos folios heredados de eruditos que abrían bocas ya por aquella época y repartían sacos de envidia a los que arrodillados mendigaban un poco de pan,pero ya se sabe que no hay pan que por bien no venga,y la paz que desprendes es la misma que dejas cuando marchas,cuando los que observamos desde nuestro huerto,seguros de nosotros mismos, hondeamos banderas blancas en son de guerra,por que ya te vemos ir,te vemos lejos,y sabemos que no vas a volver,que la mediocridad abandonaste a tiempo,y ni siquiera los que contigo aprendimos te merecemos,eso si,vuela que la conciencia es libre y atrévete a ponerle cadenas,Reina.

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