10 de febrero de 2013

Me.meces.





Llené tu salón,
desolado,
de piel, sol y hadas;
y entre actos,
me hice refugio
y balsamo anti cuitas.
Fui
 el ansiado ocaso
de cualquier lunes,
 en ruta
hacia esa astilla mental
a la que llaman desilusión;
Traje
vestiditos de choque,
tejidos en gloria salida,
con los que atropellar tus pasados,
de sonrisas pagadas a escote;
apagándolos.
Apuntalé 
vidas de alfil
con una tarifa infinita,
de ron despuntado en mis ojos.
Éramos
llam(d)as desnud-as,
y -os, nosotros,
deshicimos los nudos
  del "entre líneas"
del metro de Madrid;
de mi metro, (75), de poema,
 verde, como el de Neruda;
verde, como tus maneras.
Lloví colores, gris;
lo viste.
Encerré el pasmo,
en el culo del vaso de pensar,
recién colmado de amor;
y Red Label;
le puse a buscar,
(en tu) boca abajo,
 estrellas,
bajo el sol de un viernes noche.
El carmín advirtió:
"arriba las manos, abajo vaqueros"
tú miraste, sordo,
a quemarropa,
gritando un "nosotros"
y el eco contestó,
apuntando en el espejo,
"sí, vosotros"
con un rimmel
 loco;
 por correrse.



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