2 de febrero de 2013

Sírvase muy frío.

Y él dijo 
(en su idioma) 
:


Creo que empiezo a ser adicto a la cal de tu copa; siempre medio llena. 
Creo que empiezo a estar un poco harto del cartelito de aforo completo en esa vida que tanto te gusta arrastrar, niña. Y de los medios vacíos, que te riegan los oídos sin ni siquiera haber visto la magnanimidad de esos ojos cuando vas a llorar; cuando quieres soñar y no te dejan.
Empiezo a odiar los instintos de todos... los que te miran sonreír por la calle bebiéndote a sorbos cualquier capital; y empiezo a coleccionar todas las cervezas que te rozan los labios.
Empiezo a no poder con los taxistas, seguratas, porteros... poetas, músicos, profetas... camareros, copistas y demás, que te miran cuando hablas sin que te des cuenta. 
Empiezo a odiar querer todos tus putos matices; y los de tu boca; y los de tus manos.
Qué fácil pillarse los dedos con tu puerta de cristal. 
Qué fácil parece, lo de tu ruleta rusa con cartucho de veneno; lo de morder un corazón.
Y ya estoy abonado al nacimiento de babas en los bolsillos traseros de tus vaqueros; y me veo caer en cascada, embobado, sobre un colchón de horas... porque, no lo sabes, pero te espero colgado entre las cuerdas del reloj de tus paredes de acero, muñeca.
Me agota esta nada a la que te has vuelto adicta; porque te consume, cortada o con (mala) leche... mañana, tarde y noche, entre simulacros de incendio, o de insomnio, que casi siempre terminan en puntos de encaje y ropa interior suspensiva. 
Joder, tú brillando, y yo... pegado al cristal de tus gafas de cerca.
Y estoy cansado de ese tipo, general del cuartel de chicas tontas con medias -luces- de rejilla que ni te pega, ni te hace despegar. Te embarga la sonrisa y solo por eso ya me cae fatal. 
Me he alquilado un pisito entre tus "hasta luegos" y "ahora vuelvo"; desde ahí te observo no parar; te escucho, atento, no callar; te siento incombustible, encender sin querer esta hoguera cada día más. Y claro, ahora tengo que alquilar un par de fuegos de artifício para el teatrillo de rodar... con alguna corta de todo; pensando en ti.
Y aunque me sienta fatal que juegues a caminar con tus historias sobre mis brazos puestos en cruz, ya me he acostumbrado a que me hinques algún que otro dardo.
No soy un mártir, aunque seas mi martírio particular, pero sí, te tengo miedo.
Por eso los cortafuegos.
Por eso esta urna de cristal.
Por eso lo de tapiarte la boca cada vez que retuerces las piernas.
Por eso este "te miro pero no te toco"; por eso, este "te siento pero no te entiendo."
A secas, escribes y secas, de un pal-abrazo cualquier argumento; y entre los huecos de mis grietas, vas despejando las incógnitas. Yo que siempre he sido de interrogarme como en las pelis: detrás de un cristal opaco, con gafas de aviador, anillo opresor en el meñique y bigote a lo chicano; ahora me miro en el espejo y te veo reír al otro lado... me unto en sal las heridas, tú vienes; soplas; y te vas.
Y te piensas que pienso, que te has caído de un quinto y en verdad, sé que estás a cinco mil manzanas de mi árbol y no va a ser fácil traerte de vuelta al Paraíso; fueron muy bordes la última vez... tú que solo querías agarrar con cuerdas a los locos y con nudos, a los marineros.
Por eso, alejarme sin decir esto me agrieta; me abre las comisuras de los miedos y me obliga a punta de beso a carne viva, a tragar un poco más de ti; y así, con un par de textos enquistados y otras tantas contracturas, no proceso y voy crujiendo todos los reflejos que me recuerdan quién no soy... y quién eres tú; rompiendo todas estas putas cartas de recomendación, quemando los papeles que me manda alguna que otra desde las alturas...

Porque ya sé quién quiero ser de mayor; ya no quiero ser piloto, quiero ser contigo.





"Siempre he sido yo, sin ti, pero contigo"

2 comentarios:

  1. Y esto es lo que buscas cuando necesitas un empujón, de los de tirarte al vacío si este se deja, porque no están las cosas como para desperdiciar polvos cuando eres tú el que cae y mucho menos si el tiempo te atrapa y ni sacar la cabeza de entre tanta mierda puedes, después de lo que has empujado tú. He de confesarte que vi a un par de listos fotografiando el salto, muy voyeur todo, llevaban escrito en la frente un "envidia" como la copa de un pino, que de las de bar ya iban hasta el culo, y aplaudían también, créeme cuando te digo que lo hacían con menos vergüenza que ganas de que inundases la acera de barra de labios barata, de esos labios, en vez de rebotar y volver al quicio donde solías destilar belleza a cada luna desnuda... Los vecinos se quejaban, se la juegaron con sus mejores sábanas a alimentar este aire grisáceo y a publicar dolores, animaban sin conciencia y prendían la mecha al resto de artificios sin pensar en quién iba a limpiar sus cristales una vez que estallases todo de amor, del que no se quita; Santa Rita.

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  2. Era la suya la melena que quería ver derramándose sobre la almohada. Era su boca la que quería contemplar, en un privilegiado primer plano, al abrir los ojos. Encendió las bengalas para que ella le viese, pero las apagó muy pronto. No quería despertar a nadie. Y como uno es dueño de lo que sueña y esclavo de lo que de se calla, su imágen acabó vagando entre los mecanismos de la cara oculta de su corazón junto con las imágenes de las demás. Ahora cada vez le cuesta más decidir a cuál rescatar en sus noches de insomnio.

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