31 de agosto de 2013

Ambrosía





Se estaba quedando en los versos de una ciudad sin aire, 
desahuciada de estrellas; sometida
que apuesta su último cruce de luces al rojo de un par de ojos de gata, 
trasnochados y tristes, 
metiditos en un tiesto con buenas vistas 
al que llaman corazón; de arcilla.

Se estaba quedando en los versos de una boca ácida,
de lengua cargada,
que apunta envidiosa desde cualquier esquina
hacia tus manos: 
poesía noctívaga que mece.

Se estaba quedando en los versos
de esta lluvia que me carda los besos,
inquilina del eco...
pintada en contacto...
que destila recuerdos,
que restallan a mar.

Se estaba quedando en los versos
que habitan las suelas,
de zapatos ortopédicos
para sueños en rehabilitación
que abogan por el cortocircuito,
y cuelgan de las paredes 
made in bar marca "olvido",
siempre entreabiertos. 

Se estaba quedando en los versos
de una conversación de espejo
con otros "yo";
Debates sobre todo lo muerto,
circundando todo lo sencillo 
frente a un ventilador;
condenando a la gran ciudad 
a una hiperrealidad, 
calibre 22.

Como en un islote con forma de moneda
que declara guerra
a su propio filo;
error o pecado,
"concedido"
por antonomasia.

Y mientras, 
Nadie dijo:
-nada-
y esta ciudad naufragó,
sudando arcoiris
entre la prisa de
eso mismo:
la ausencia.

Y entonces,
en los versos ya desnudos,
el puto equilibro,
volvió a ser eso,

cosa del suelo
.

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