16 de octubre de 2013

desc. 1

Llevaba ojeras importadas del viejo oeste. Pantalón vaquero, a juego, paradójicamente. Melena anárquica y descuidada, cómo no. Tenía la piel color ocaso, jersey jaspeado y los ojos específicamente humanos; verdes, destilados.
Me recordaba a una puerta, entreabierta, que descubre un rostro famoso intentándose pintar la cara con violencia; color anonimato. Sería, soñaba, ciudadano de una nube interespacial lejos del conformismo: denominador común de las dolencias de casi todos los allí presentes en esa sale de espera.
Parecía algo loco. Algo desilusionado. Ingrávido.
Aquel desconocido me resultaba infinitamente familiar; como si le hubiese liado de mi tabaco el piti que sostenía en su oreja, como si él me hubiese liado a mí un sábado cualquiera. Un enigma de altura, tampoco demasiado alto. Le sentía "casa de árbol" como el vértigo que me acompañaba fielmente desde hacía unos meses.
Miraba fijamente la nada, como conquistándola con la cautela de quien sabe esperar; fijándose en detalles imperceptibles a los todos los ojos que no son de segunda mano. Acariciaba el filo de la hoja de una libreta en blanco, posaba los dedos sobre palabras ya escritas, como elevándolas y empujándolas a la vez hacía vagones en su mente. Absorto y seguro a partes iguales, le observaba colgarse sentado en aquella simple silla de algún acantilado en forma de interrogación; buscando "algo más" hasta en la aparente ausencia absoluta. Jugaba con el lápiz y yo le imaginaba construyendo minuciosamente un plan de ataque. Tenía que tener algún súper poder oculto, le reflejaba en la cara un brillo naciente del pecho. Domador de papel, quizá... explorador de la siempre imperturbable página en blanco. Como Dora, dije -pero a lo Bukwoski- y me reí. Se limpiaba los zapatos con la manga mientras susurraba no sé qué historias sobre inmortalidad y benevolencia, después volvía al folio.

Él era un raro, yo seguía siendo verde... ya sabéis,




.tobecontinued


14 comentarios:

  1. No es mérito tuyo, pero eres una de las chicas más guapas que he visto. Eso, combinado con tus tan bien llevadas inquietudes artísticas, te convierte en una bomba de relojería

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  2. Querido anónimo, gracias por pasarte y leer este baúl de diógenes. Lo de catalogar mis inquietudes artísticas de bien llevadas, JAJA, me ha encantado. Los lunes a primera hora, no las llevo tan bien, te lo aseguro. Ni lo de la genética tampoco. Besos, muchos y grandes :)

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  3. Querida Pepa, no me gustaría que me hubieses malinterpretado. Tal vez he sido demasiado directo. Supongo que esa es una de las ventajas del anonimato. Lo que quería decir es que creo que tu talento está a la altura de tu belleza, y que te doy la enhorabuena por ello. Ánimo!

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    1. Para nada... Al revés, te agradezco infinito tus bonitas palabras.
      Así da gusto, ¡GRACIAS!

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  4. Mucha presuntuosidad y una prosa digna de un adolescente que ha leido su primer libro de la generación beat. No está mal (si tienes 17 años,claro).

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    1. Ahí ando con Kerouac a vueltas, Erlantz. Gracias por lo de los 17, corazón. Una hace lo que puede para mantenerse joven ;)

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    2. Muy buena respuesta, Pepa. Los demás que nos pasamos por aquí seguiremos atentos a tu prosa, que se dedica más a crear un mundo propio que a cuestionar los mundos que crean los demás.

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    3. Tengo unos anónimos que no me los merezco. Gracias, de veritas.

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    4. ¿Es aquí donde se te pagan las fantas?

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    5. JAJAJA eres el Fernando Fernán Gómez del lugar. Te invito a una caña.

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    6. Que no, tonta, que te invito yo a unas fantas, jijiji. Pero un día nos dedicas un relato a Fer y a mí.

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    7. Venga, vale... pero un relato de vampiros, ¿eh?
      No quiero perder mi esencia adolescente.

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    8. Sí,sí. Mejor teen que MILF. Siempre.

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